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martes, 25 de febrero de 2025

¡Que nadie soporte mi dolor!


 



Es verdad que, para cada cual, el dolor que uno pueda pasar y el sufrimiento a él asociado, es una cosa muy personal. Sin embargo, también es verdad que lo solamos compartir con aquellas personas que están a nuestro alrededor haciéndolas sufrir, de paso, a ellas mismas.

Es cierto que no es muy fácil sustraerse a lo que nos pasa que no sea bueno y que sólo los corazones fuertes y muy fuertes son capaces de hacer eso. Y, sin embargo, también podemos decir que contemplando a tal tipo de corazones y a las personas que los sustentan es posible alcanzar cierto tipo de soporte del dolor y el sufrimiento.

Nosotros, sin embargo, conocemos a alguien que mucho sufrió a partir de determinado momento de su vida (la veintena de años, más o menos) y que no son pocas las páginas salidas de sus manos que certifican eso, precisamente: el dolor y todo lo que eso lleva aparejado.

Hay, sin embargo, una forma de ser que nos debe hacer pensar lo cortos que somos a veces en nuestras propias reacciones: que hay quien, a pesar de sufrir mucho y más que mucho lo quieren, tal sufrimiento, para sí.

Querer el sufrimiento para sí es algo así como decir que no queremos que los demás sufran con nosotros aunque bien sabemos que eso no siempre es posible y, ni siquiera, está al alcance de las más fuertes voluntades.

Tener voluntad de hacer eso, de ser capaz de sostenerse a sí mismo en el dolor y procurar que el resto de personas, nuestros prójimos o, incluso, los más alejados, permanezcan algo así como “desconocedores” de lo que pasamos supone tener una fuerza de voluntad (más espiritual que física) para conseguir tener un dolo, dicho así, “con escafandra”.

Una escafandra, tal como la podemos imaginar o ver, es algo así como un casco que se ponen en la cabeza los buzos o los astronautas con el fin de poder valerse en el medio en el que están, a saber, las profundidades del agua o el espacio exterior.

Sobre esto, sobre la escafandra, hay que tener en cuenta que está construida de forma que no pueda entrar en ella ni el agua ni lo que contenga el espacio exterior a la Tierra. Por tanto, la misma ha de producir, digamos, un vacío hacia el exterior de la persona que lo lleva de tal forma que nada de lo que haya fuera de la misma entre dentro ni nada de lo que haya fuera entre dentro.

Nos podemos hacer una imagen de lo que esto es porque muchas veces hemos podido ver una escafandra.

Hay alguien que ha hecho uso de tal imagen para llevarla a su vida particular que en la que sufría y más sufría físicamente. Y nos estamos refiriendo a Manuel Lozano Garrido, Lolo.

Ciertamente, la voluntad expresa de nuestro amigo (así lo llega a escribir) era que nadie sufriera con él. Sin embargo, es fácil decir que nadie sufría con él aunque, realidad, quería Lolo que nadie sufriera “por” pues es evidente que sus sufrimientos eran bien suyos y nadie que estuviera a su lado o lejos los iba a pasar por él o con él.

La verdad es que expresar una voluntad así, un querer que nadie sufra los sufrimientos de uno supone tener un corazón tierno y de carne pues es lo mismo que querer quedarse para sí mismo el dolor y el sufrimiento. Y eso es lo que Lolo quería.

Nosotros creemos que lo que el Beato de Linares (Jaén, España) quería era que nadie se preocupara por lo que él llevaba sufriendo desde hace muchos años aunque también sabía que era muy difícil de conseguir. Y si no, podemos imaginar a su hermana Lucy, que lo cuidaba todo el tiempo, hacer algo así como despreocuparse por su hermano… Vamos, que eso es, simplemente, imposible.

Seguramente por eso, Lolo decía le “gustaría” que su sufrimiento fuera con “escafandra” en la seguridad bien personal e íntima de que eso no lo iba a conseguir por según eran su vida y los amigos que la contemplaban a diario o, siquiera, tenían conocimiento de la misma.

Ahora bien, tal intención (de sufrir él sólo y ofrecerle a Dios su sufrimiento) expresaba muy bien el talante de Lolo y era causa de la fama de santidad que le precedía allí donde fuera nombrado su caso, persona y circunstancias. Y bien merecida que la tenía nuestro “buzo” particular.


Eleuterio Fernández Guzmán


domingo, 2 de febrero de 2025

Saber escribir cerca de Dios


 

Ciertamente, cuando alguien quiere llevar a cabo una labor como la de escribir y hacerlo lo mejor posible lo más conveniente es tener unas buenas fuentes en las que basar eso que se quiere emprender. Y por eso, en determinadas ocasiones, no sale la cosa según lo previsto bien por falta de las mismas, bien por error en ellas. 

Lo que pasa con Manuel Lozano Garrido, a la sazón Lolo para todo aquel que lo conozca algo o lo más de cerca posible, es que sabía muy bien a qué fuente acudir para saciar la sed, primero y, luego, para hacer fructificar en un tanto por ciento muy elevado el haber bebido de tal fuente. 

El caso es que podemos decir, sin temor a equivocarnos, que la principal fuente en la que Lolo bebió fue, exactamente, Dios. Sí, el Creador y Todopoderoso Adonai. 

Sí, alguien podría decir que a lo mejor nos hemos pasado un poco con una pretensión de tal enjundia. Sin embargo, basta ver, por así decirlo, la producción literaria del Beato de Linares (Jaén, España) para determinar fácilmente que sí, que es oro todo lo que reluce y que tal forma de relucir ha de tener cotas muy altas de aprendizaje. 

Sentirse muy cerca de Dios no es algo que nos beneficie espiritualmente sino que puede llegar a ser absolutamente crucial en el camino que cada cual llevemos y por el que nos conduzcamos hacia el definitivo Reino de Dios llamado Cielo. Y Lolo, según decimos, supo hacer eso, sentirse cerca de Dios, de tal manera que 

- fue capaz de conocer hasta qué punto su Padre del Cielo quería que siguiese por el camino que había empezado, 

- se percató de la Voluntad de su Creador para ser tierno y mostrar un corazón de carne,

 - supo dejar ver en sus escritos que la bondad tiene algo más que mérito de cara a Dios,

 - alcanzó una altura más que alta en el conocimiento de cómo afrontar el sufrimiento y la enfermedad,

 - quiso mostrar que era posible decir lo que su corazón sentía y que lo que sentía sirviese para otros muchos en situaciones parecidas a la suya e, incluso, con ninguna enfermedad a cuestas, 

- hizo ver que no es imposible cumplir con la Voluntad de Dios aunque muchas veces se nos haga difícil seguirla,

 - abrió su corazón de tal manera que todo el Amor del Todopoderoso lo vertió en sus escritos que son instrumento espiritual de alto valor.

Podemos ver, según nosotros entendemos, que el Beato Lolo supo muy bien tener en cuenta lo que significaba su cercanía a Dios y no estar, para nada, alejado de Quien lo había creado y mantenido en el mundo. Y es verdad que, por muy difícil que eso nos pueda parecer a la gran mayoría de creyentes católicos (incluso del resto de cristianos que en el mundo hay) no es poca verdad que en Lolo nos encontramos a un creyente que, de verdad, sabía que lo era y por eso  su cercanía a Dios fructificó mucho y más que mucho.


Eleuterio Fernández Guzmán

 

viernes, 24 de enero de 2025

Un año más de Lolo


 

Podemos imaginar a nuestro amigo común, Manuel Lozano Garrido, ver pasar la hoja del calendario del 31 de diciembre y darse cuenta de que, dadas sus circunstancias, ha podido hacer eso. Y luego, una vez caído en la cuenta de que ha pasado un año, saber que tenía otro por delante para hacer lo que Dios le permitiera hacer con sus dones y gracias.

No hay duda alguna de que Lolo sabía aprovechar muy bien el tiempo, que supo hacerlo con el que Dios le dio. Por eso es seguro que tuviera más que claro que un año más era, en primer lugar, una bondad de parte de su Creador y, en segundo, que debía aprovecharlo lo mejor posible para que el fruto de aquella siembra del Sembrador fuera lo más cercano al 100% de cosecha. Y, aunque nosotros sepamos que superó con creces tal tanto por ciento lo bien cierto es que él eso no lo sabía aunque su intención era que sí, que estaba dispuesto a dar lo mejor de sí mismo en bien de todo el que pudiese “aprovecharse” de eso.

El caso es que nosotros también hemos pasado hace pocas semanas la hoja del calendario o, en todo caso, la hemos pasado en alguna de las muchas formas en que hoy día eso se puede hacer. Y también nos damos cuenta de que ya llevamos algunos días (pocos aún para los que han de venir si Dios quiere que vengan…) del nuevo año, el que hace 2025 desde que se comenzó a tomar por el inicio de un nuevo tiempo el nacimiento del Hijo de Dios. Y también queremos que, como le pasaba a Lolo pero teniéndolo en cuenta a él mismo, sea un año para hacer rendir muchos nuestras gracias y dones.

Nosotros, como bien sabemos, somos amigos de Lolo. Y por eso, el Beato de Linares (Jaén, España) es como un espejo en el que mirarnos pero en el que no salga nuestra imagen sino la suya y su vida, existencia y devenir nos sirva como ejemplo.

Ante un nuevo año mirado al respecto del Beato Lolo nosotros queremos que su influencia en nuestra vida sea clara, diáfana o, como poco, importante según seamos capaces de aceptar su ser en el nuestro y nos sirve en bien de nuestro corazón.

Nosotros, por tanto, queremos que:

-Lolo siga siendo una imagen con respecto al qué, al cómo y al cuándo de nuestra fe,


-Lolo permanezca en nuestros corazones y allí los “colonice” con su verdad, la verdad misma de Dios puesta para ser tenida en cuenta,


-Lolo viva en nosotros y nunca olvidemos el bien que nos hace,


-Lolo nos incumba tanto que siempre estemos atentos a lo que nos dice,


-Lolo camine a nuestro lado por mucho que eso pueda extrañarnos según su condición física en vida…., porque aquí hablamos del espíritu y del alma,


-Lolo sea fuente de ilusión, fuente donde poder beber el agua limpia de una fe limpia,


-Lolo siga inculcando en nuestro proceder y ser tan característico como fue el suyo donde tanto tenía que ver el amor a Dios y a su prójimo,


-Lolo siga marcándonos el camino hacia el definitivo Reino de Dios llamado Cielo,


-Lolo, Lolo, Lolo…


Es seguro que cualquiera podría poner aquí mismo, a continuación de lo dicho arriba, muchos otros aspectos que no somos capaces de ver ahora. Y eso porque cada amigo de Lolo sabe cómo ha influido en su vida nuestro amigo, cómo puede influir ahora mismo y cómo puede hacerlo en un futuro. Por eso dejamos al ser de cada lector que ponga lo que tenga por oportuno poner en su haber con respecto a Lolo o, mejor su “deber” al respecto del linarense universal.

Es cierto y verdad, por otra parte, que no sabemos qué nos va a deparar el año empezado recién. Sin embargo, sí sabemos lo que Manuel Lozano Garrido, a la sazón Lolo, a la sazón Beato de la Iglesia Católica, puede ayudarnos a ser mejores hijos de Dios y, por tanto, a cumplir con su santísima Voluntad. Y en eso, seguro, salimos más que beneficiados.

¡Feliz año nuevo de Lolo en nosotros!



jueves, 9 de enero de 2025

Decía Lolo que su profesión era ser “Inválido”


 

En realidad el título de este artículo no ha sido inventado por el que esto escribe ni nada por el estilo. Y es que el mismo Lolo, al comienzo de los comienzos de los libros que publicó en vida, ya dice lo que aquí ponemos.

Esto lo decimos porque en el primer libro que publicó, de título “El sillón de ruedas” (más que apropiado el título porque ya llevaba mucho tiempo en un sillón de ruedas debido a su enfermedad degenerativa) y, en concreto, en el capítulo IV y dentro del apartado 1 (de título “El pan de cada día”) pone, como título del mismo, esto: “Profesión, inválido”.

Uno puede quedarse sorprendido por lo que eso significa. Es decir, que una tales palabras, dos, para decir lo que para él es su vida. Y a nosotros nos deja perplejos porque, seguramente, así lo consideraba Lolo y así era consciente de su existencia.

El caso es que cuando Manuel Lozano Garrido escribe y publica este libro hace muchos años que sufre y sus dolores son el pan suyo de cada día. Por tanto, sabe muy bien a qué atenerse al respecto de su sufrimiento. Veinte años, más o menos, hacía que su enfermedad empezó a manifestársele y eso le hace decir, según su propia experiencia, que era profesional de la invalidez, en el sentido que entonces se tenía de tal estado y que hoy día sería muy val visto como término que define el estado físico de una persona.

Es cierto y verdad que nosotros bien sabemos que no tenía nada de “inválido” o, lo que es lo mismo, de “no válido” si nos atenemos al significado del tal adjetivo calificativo. Y es que de su vida deducimos que fue más que válido y su intervención, por así decir, en el mundo fue más que aprovechable ya para sus contemporáneos y, luego, para todos los que lo hemos conocido. Por tanto, que él dijera que sentía que su profesión era ser inválido lo tenemos como una muestra de humildad más que notable.

Lo que pasa es que Lolo, como suele ser habitual en él, mira las cosas desde un punto de vista que no es sólo y exclusivamente natural, de vida de ser humano. Y es que lleva las cosas al justo ámbito de lo que le importa y que no es otra realidad que la de Dios mismos, la de Aquel que lo ha creado y mantiene, ¡mantiene!, en el mundo aún estando en el estado en el que se encontraba o, seguramente, por eso mismo…

Esto lo decimos porque justo al terminar este capítulo del que podríamos deducir que Lolo no creía que fuera válido para nada, lleva las cosas, como decimos, a donde deben ser llevadas. Y es que comprende muy bien su sufrimiento y lo enmarca donde debe estar enmarcado y que no es en otro lugar o espacio que el de su corazón Y es que, como decimos, al final de su “Profesión, inválido” dice esto que sigue y que aporta tanto para su persona como para sus muchos amigos (El sillón de ruedas, p. 49):

Pero, por si no bastara el ángulo simple de la lógica, sobre el tapete estará, a su vez, la inequívoca presencia de Dios, filtrando hasta los núcleos doloridos, junto a su voluntad redentora, la cordialidad de su amor infinito y su participación en nuestra tortura. Alguien ha hablado de que una sencilla y humana convocatoria de la voluntad podría asegurar la victoria sobre el dolor. Lo exacto es que nuestros tendones, comprimidos al máximo, estarán siempre subordinados al supremo recurso de la musculatura de Dios, que se arquea junto a nuestro latido y nuestro forcejeo. Lo que está bien claro es que nuestras espaldas no se rendirían tanto a la pesadumbre si nos adelantáramos a la vista del infortunio tendiendo ya la mano a la colaboración generosa con los planes divinos.“

¿Ven, ustedes? Lo que nos dice Lolo es que muchas veces, en cuanto al dolor y al sufrimiento, poco importa que nada de lógico haya en los mismos. Sin embargo, sí cabe la presencia de lo divino, de Dios mismo que, como sabemos, nunca abandona a su descendencia.

Nos dice Lolo aquí, en ese texto, que debemos colaborar con Dios incluso, sobre todo podemos decir, cuando sufrimos por lo que nos pasa. Y es que es la única manera, según entiende nuestro amigo Manuel Lozano Garrido, a la sazón Beato de la Iglesia Católica, de poder “sobrenadar” (palabra que mucho utiliza en sus escritos el Linarense universal) sobre esos mismos dolores y sufrimientos y ponerles en el verdadero lugar que le corresponde.

En realidad, la “invalidez” a la que Lolo se refiere bien sabemos que la superó más y mucho más. Y es que Dios lo sostenía... hasta que quiso llamarlo a su Casa. 


Eleuterio Fernández Guzmán





domingo, 5 de enero de 2025

La alegría sobrenatural de Lolo


 



Es cierto y verdad que a nosotros, ahora que corre reciente el año del Señor de 2025, nos puede resultar muy sencillo hablar sobre lo que hemos dado en titular estas letras, a saber, “La alegría sobrenatural de Lolo”. Es decir, para cualquiera que conozca a Lolo sabe que le ha sido reconocida una vivencia que va más allá de lo material, de lo natural y, por tanto, todos los parabienes en su favor nos parecen pocos.


Ciertamente, la distancia temporal hace posible tales cosas y es lo mismo que si nosotros hablamos y requetehablamos de las circunstancias por las que pasó Jesucristo en su primera venida al mundo por todo lo que, desde entonces, se ha investigado y dicho…


Con esto queremos decir que, en efecto, Manuel Lozano Garrido, con el tiempo Beato de la Iglesia Católica, Lolo, pues, llevó una existencia donde todo aquello que tenía que ver con lo sobrenatural para él era, efectivamente, de lo más natural del mundo.


Quizá esto pueda sorprender porque Lolo, en su vida ordinaria, lo pasaba más que mal si hablamos de sus circunstancias físicas las cuales, no lo podemos negar, es casi seguro que nos las querríamos para ninguno de nosotros…


Para Lolo, sin embargo, las cosas debían ser muy distintas a lo que otras personas (de entonces, de ahora y de los tiempos que vendrán) creían y pensaban. Y es que nuestro amigo tenía una conexión muy especial con lo que llamamos “sobrenatural” y que, por tanto, tratase de realidades que están por encima, muy por encima, de nosotros y que definen, por supuesto, cómo somos en tan especial aspecto de nuestra vida.


Cuando se dice, y es constatado por todos los que le conocieron (y bastantes personas aún pueden contarlo, por así decirlo) Lolo se mostraba como una persona alegre. ¡Alegre!, así dicho entre exclamaciones, porque merece así ser escrito de quien tanto padecía.


La Alegría de Lolo sólo podía tener origen sobrenatural pues las cosas de la naturaleza, en su caso, no ayudaban mucho a estar alegre, así, con una alegría que casi era “insultante” y, sobre todo, que no poca envidia (sana) nos causa.
Decimos esto porque Manuel se apoyaba en Quien sólo puede apoyarse quien cree tan firmemente a su realidad y existencia que ha hecho de la misma un modo de vida, así, sobrenatural. Y nos referimos a Dios a Quien amaba por encima de todas las cosas (siendo fiel, así, al primer Mandamiento de Su Ley) y a quien tenía, seguros estamos de eso, como principal valedor suyo y, por tanto, como primera mano a la que cogerse en caso de debilidad…


Pero Lolo sabía muy bien que tenía en quien apoyarse además de en su Creador y mantenedor en el mundo, en su siglo XX. Y es que tanto la Virgen María como su hermano Jesucristo eran quicios sobre los que construir una existencia y un modo de ser, así, tan sencillo pero tan gozoso con todo lo que le pasaba.


Para Lolo nada de lo que le pasaba acababa por tener un sentido natural o, incluso, mundano. Y es que su propia existencia (así, de “inválida”, como él mismo se define) sólo podía entenderse si tanto Dios como su Madre, María, como su hermano, Jesucristo e, incluso, la Iglesia que fundó el Mesías, eran verdaderos “instrumentos” (entiéndase esto, por favor) en los que basarse para ser capaz de caminar sin caminar, de hacer sin casi poder hacer y, ya por último, de ver sin poder ver…


Decimos eso de la que alegría de Lolo era sobrenatural por ser sobrenatural el origen de la misma (su creencia en tal posibilidad), por ser sobrenatural el sentido de la misma (sólo así era capaz de..) y, en fin, por ser sobrenatural el resultado de la misma: un ser más que capaz por muchas incapacidades que tuviera.


En realidad, lo que Lolo nos muestra con su vida es que la fe, su fe, alcanzó todas las circunstancias de su existencia y por eso mismo pudo sobrevivir físicamente a las asechanzas de la enfermedad, el dolor y el sufrimiento y, además, como le pasó tantas veces a muchos personajes de las Sagradas Escrituras Nuevas, fue salvado mucho tiempo por la confianza que tenía en Quien lo había traído al mundo y no estaba dispuesto a abandonarlo hasta que lo llamara a Su Casa. Y fue un 3 de noviembre del año que corría de 1971 pero fue, también, muchos años (al menos, algunos) después de que a sus huesos se le pegara algo con mala sombra mientras él, nuestro Lolo, miraba para otro lado cuando los “alfileritos” que sentía le pinchaban en cada rincón de su cuerpo. Y estamos seguros de que para dónde mirada estaba arriba, bien arriba, justo donde ahora está, cabe Dios y que su alegría venía de ahí. ¿De qué otra parte podía venir?


lunes, 30 de diciembre de 2024

Cuando las escaleras se convirtieron en rampas

 

12 de junio de 2010.

Sí, claro, es una fecha lo puesto arriba pero es una más que especial para todo aquel que se tenga por amigo de Manuel Lozano Garrido al que pronto le iban a poner una rampa para subir al Cielo.

Esto, claro está, es algo que nosotros imaginamos pues sabemos, por la fama de santidad que tenía en vida, que es más que seguro que el recorrido que había entre su casa y el definitivo Reino de Dios lo subió, sigamos imaginando, en su sillón de ruedas celestial.

Es cierto que nosotros no conocimos personalmente al ahora Beato Lolo pero hay testimonios más que suficientes como para sostener que aquel hombre gozaba, eso es seguro, de la citada fama de santidad. Y es que alguien de su valía espiritual debía andar (sin poder hacerlo) por su tiempo sembrando algo tan bueno como es el amor y la comprensión hacia su prójimo.

Pues bien, en un momento determinado aquello que tantos años había sido apreciado por tantas personas tuvo que verse reflejado en la vida de la Iglesia a la que tanto amó Lolo. Y es que se abrió su Causa de Beatificación llevada por el P. Rafael Higueras Álamo, a la sazón no sólo sacerdote que acompañó a Lolo en los últimos de su vida en el mundo sino, por eso mismo, seguro que gran amigo del linarense universal.

Era de esperar lo que pasó. Y es que cuando se es como se es y cómo era Manuel Lozano Garrido, estamos más que seguros que toda aquella persona que intervino en aquel proceso sólo pudo decir cosas buenas del bueno de Lozano Garrido. Y, por tanto, y junto al necesario hecho extraordinario (requisito para estos casos) que fue verificado por las instancias oficiales de la Esposa de Cristo todo acabó en aquel 12 de junio de 2010, día que se fijó para la ceremonia de Beatificación del periodista de Linares (Jaén, España) que, a fuerza de esperanza y de perseverancia se labró un futuro de eternidad más que merecido.

Nosotros, de todas formas, vayamos a lo que el título de este artículo dice.

Siempre se suele tener la imagen (creamos que no infantil sino como algo que sale del corazón) que al Cielo se sube, digamos, por una especie de escalera. Bien sabemos que la cosa no es así pues es el alma la que asciende, en todo caso y si eso es así, a un lugar de tanto privilegio como ése. Sin embargo, el ser humano gusta de hacer representaciones de los misterios para poder comprenderlos mejor y así llevarlos de forma más segura al corazón donde se quedan para siempre.



Pues bien, y siguiendo con la imagen, a Lolo le tuvieron que hacer un arreglo en el camino hacia el Cielo.

Y es que él andaba con su sillón de ruedas y, por tanto, las escaleras, así pensadas o imaginadas, no podía subirlas pues es seguro que él le hubiera gustado hacer uso de su inseparable amigo el sillón de ruedas para llamar a las puertas del definitivo Reino de Dios.

En efecto, nos imaginamos a Lolo, por eso de haber fallecido con fama de santidad, liberado de aquella terrible parálisis que le impedía, como poco, caminar, haciendo uso de sus manos para mover su sillón de ruedas. Ya dotado de la fuerza del Cielo (donde no hay dolor ni sufrimiento según tenemos creído por fe) sus manos volarían sobre las ruedas (entonces aún no había motores que moviesen tal medio de transporte personal) viendo cómo, poco a poco, se le acerca la vida eterna. Y es que ya había sido juzgado en su Juicio Particular (también creemos que eso pasa de forma inmediata a la muerte del cuerpo) y su destino había sido establecido en el Cielo.

Y entonces, aquel 12 de junio de 2010 fue la Iglesia y confirmó lo que todos tenían por verdad. Lo que no sabemos es dónde dejó Lolo su sillón de ruedas aunque, seguramente, San Pedro, que lo esperaba en la puerta del Cielo, no quiso que allí pasara aquel artilugio con ruedas. Al fin y al cabo, el alma de Lolo ya podía entrar sin obstáculos físicos ni nada por el estilo: su fe así se lo permitió.

Eleuterio Fernández Guzmán



jueves, 26 de diciembre de 2024

Lolo mártir

 


Estamos más que seguros que algún lector estará pensando, nomás ver el título del artículo, que sin duda nos hemos equivocado. Y es que nuestro amigo común, el Beato Manuel Lozano Garrido, a la sazón Lolo, no murió producto de haber sido martirizado ni nada por estilo sino que lo que le pasó fue que, luego de padecer mucho a lo largo de los años Dios quiso llevárselo a su Casa donde seguros estamos de que está.

Y eso es más que cierto pero…

Cualquier creyente católico sabe que la palabra mártir quiere decir, en general, “testigo”. Y es que se entiende que da testimonio de una fe acendrada y bien asentada en el corazón quien, encontrándose ante una situación en la que su vida pende menos que de un hilo, es capaz de perdonar a quien corta ese hilo…

Y esto también es verdad pero…

Por otra parte, es seguro que siempre se tenga en la mente y en el corazón que los mártires, a lo largo de los siglos, han dado, literalmente, su sangre por la fe que tenían (pues haciendo lo que hacían demostraban que la tenían)

Y también eso es verdad pero…

Como vemos, tenemos unos cuantos “peros” que suelen ser los que abonan el campo de las ideas para sembrar otras posibilidades que van más allá de lo que hay antes de los “peros”.

Esto lo decimos porque nosotros creemos que Lolo fue un mártir en el sentido esencial de lo que eso significa y que, como decimos arriba, tiene no poco sino todo que ver con la palabra “testigo”.

En efecto, Manuel Lozano Garrido fue testigo (y, por tanto, mártir no tan incruento como se pueda pensar…)

- Dando testimonio de la creencia en Dios Todopoderoso,

- Dando testimonio del Amor que Dios quiere para sus hijos y entre ellos,

- Dando testimonio de una devoción especial por todo lo religioso católico,

- Dando testimonio de cómo es posible soportar, por fe, el sufrimiento,

- Dando testimonio de la bondad de Dios al entregarle una serie de dones que hizo rendir al, y más, del 100% como dice la Parábola del Sembrador,

- Dando testimonio, y siendo ejemplo perfecto, de hasta dónde se puede llegar aceptando lo que a uno le viene en la vida,

- Dando testimonio de ser capaz de sobrenaturalizar el sufrimiento,

- Dando testimonio de una perfecta unidad de vida,

- Dando testimonio…

En fin… como vemos, es posible seguir con esta relación de realidades como una catedral de grandes, acerca de que nuestro Lolo seguramente no dio su vida como los mártires, digamos, ordinarios (con ser extraordinarios) pero lo hizo a su modo y es un modo que, además, nos puede servir de buen ejemplo a seguir. Y eso, se diga lo que se diga, es algo más que provechoso para su prójimo.

Pero es que, incluso en lo dar su “sangre” también Lolo se distinguió pues ¿es que no es dar la sangre que uno tiene, la vida que le corre por las venas, la entrega a su prójimo con todas sus consecuencias entre las cuales se encuentra el dolor y el sufrimiento?

Pues eso, que el Beato Lolo, creemos nosotros humildemente y aquí lo decimos, fue mártir y, por tanto, testigo de Dios en el mundo. Y es otra razón más para dar gracias al Creador por ser capaz de suscitar entre sus hijos a lo que muestran las amplias posibilidades que hay de dar testimonio de la fe que se tiene.


Eleuterio Fernández Guzmán

lunes, 23 de diciembre de 2024

Lolo pasó su vida haciendo el bien


 

Es cierto y verdad que hay muchas personas de las que se podría decir lo mismo que nosotros vamos a decir de nuestro amigo Lolo. Y es que el comportamiento a lo largo de la vida de un ser humano puede dar, y da, para que se pueda decir del mismo eso, que pasó su vida haciendo el bien.

Nosotros, de todas formas, tenemos a alguien a quien aplicamos eso en el exacto sentido de lo que quiere decir.

Hay una placa en una fachada de Linares, Jaén, España. Y corresponde al lugar donde nació Manuel Lozano Garrido. Y dice esto:

En esta casa nació el 9-8-1920 D. Manuel Lozano Garrido. Hijo predilecto de Linares. Pasó su vida haciendo el bien”.

Y debajo es apreciable la fecha en la que aquella placa se fijó a la fachada: 21-4-1996.

En primer lugar, cuando decimos de Lolo que pasó su vida haciendo el bien queremos decir que eso no es algo que alguien, en particular, aprecia de la vida del ahora Beato de la Iglesia católica. Y eso, aún estando bien, podría interpretarse, al fin y al cabo, como un pensamiento particular de una persona. Sin embargo, sostener de Lolo que “Paso su vida haciendo el bien” tiene un sentido verdaderamente colectivo y que es, por tanto, algo así como que ha quedado en la memoria de todo ser que lo conoció, un hacer así.

No es cosa esta baladí o de poca importancia sino que tiene todo que ver con lo que una persona, en este caso Lolo, hizo a lo largo de su vida y que es la causa de que se tenga de su ser una memoria tan tierna, tan cierta, tan terminada de hacer, tan verdadera.

Ciertamente, cuando decimos eso que decimos de Lolo sabemos que, en efecto, no es que en algunas ocasiones el buen amigo nuestro hiciera lo posible para que el prójimo sintiese que era escuchado por alguien que tenía tal capacidad a flor de piel y de corazón sino que “su vida” fue eso: un hacer el bien sin mirar ni hora ni tiempo ocupado en hacerlo.

De esto que decimos nosotros no somos testigos pero sí lo somos de los que lo conocieron y dicen que Lolo se desvivía por toda persona que se acercaba a su casa. Y es que, como podemos imaginar, conforme la fama de santidad de Manuel Lozano Garrido se fue extendiendo, al menos, por Linares (su pueblo) ya podemos estar seguros de que muchos subirían a su casa.

Cuando se visita a alguien como era Lolo es de creer que no sólo se acude a su casa para ver cómo se encuentra (que también) sino que muchas tuvieron que ser las preguntas que le hicieron a lo largo de su vida estando enfermo como estaba el buen hombre. Y debería ser mucha la confianza que se tenía en que la respuesta iba a ser espiritualmente adecuada cuando fueron más de algunas las preguntas que le debieron hacer y a las que Manuel, seguros estamos, no se debió negar a responder a ninguna aunque también es verdad que a lo mejor se preguntaba a sí mismo las razones de dirigirse a él que, en todo caso, parecía no servir para nada social… siendo, justamente, lo contrario la verdad.

Es verdad que no decimos nada nuevo si apostamos porque Lolo pasó su vida haciendo el bien. Y no lo decimos porque, ahora mismo, también lo está haciendo aunque sea a la distancia de más de cincuenta años que fue llamado a la Casa del Padre.

Estamos seguros, aún sin haber visto tal documento, que en el que se conformó (con testigos y demás verdades) para su Causa de Beatificación, que muchos certificaron que Lolo hizo mucho bien a ellos mismos, a aquellos testigos queremos decir, y a otras muchas personas de las que tales testigos lo fueron. Y es que la verdad brilla e ilumina mucho cuando alguien es bueno en el buen sentido de la palabra y, a lo largo de una vida toda y entera, se dio al prójimo todo cuanto pudo siguiendo aquello de “querer al prójimo como a ti mismo” que es un consejo de Alguien que también sufrió mucho a lo largo de vida y, más en concreto, cuando fue ajusticiado ilegítimamente por envidiosos y demás acusadores.

Sí, Lolo pasó su vida haciendo el bien. Y por eso está donde está o, lo que es lo mismo, en el Cielo, cerca de Dios.


Eleuterio Fernández Guzmán



jueves, 12 de diciembre de 2024

Una Obra como "Sinaí"

 


Es más que seguro que cuando Manuel Lozano Garrido viajó a Lourdes con su hermana Lucy allá por el año 1958 tuvo que quedar muy impresionado por lo que vio, oyó y, en fin, con todo aquello que llegó a su corazón para quedarse. Y tanto es así que, incluso, no pidió para sí sino por todas aquellas personas que allí estaban y a las que debía considerar en “peor” situación que la suya.

Lo de que quedó impresionado tiene que ver con algo que salió de su tierno corazón y que llevó el nombre de “Sinaí” que fue, que sería, tanto una Obra Pía, por así decirlo, como un medio de comunicación llamado también “Sinaí”. 

Lo primero consistió en lo siguiente: dado que había muchos medios de comunicación que tenían talante religioso y, dentro de la espiritualidad, que eran católicos, tuvo Lolo la idea de que monasterios de clausura junto con grupos de 12 enfermos orasen por los mismos para que llegase al corazón de Dios las necesidades que pudiesen tener los mismo y, además o sobre todo, para que lo que transmitían a la opinión pública tuviera un talante, eso, católico. 

Aquella obra, Obra así con mayúsculas por la importancia que la misma tuvo y tiene hoy día, tuvo que calar profundamente en el alma religiosa de España porque muchos fueron los monasterios y muchos los enfermos que quisieron plantar aquella semilla en sus corazones.

En realidad, nosotros no podemos saber el fruto espiritual que eso obtuvo y sigue obteniendo hoy día (pues siguen en activo los monasterios de clausura que oran a Dios por la prensa católica) Sin embargo, estamos más que seguros que ha de haber sido abundante pues no puede caer en saco roto que haya enfermos y personas especialmente dedicadas a la oración que pidan a Dios por una intención tan espiritualmente buena y saludable como es la de los medios de comunicación que pueden dirigirse al mundo mostrando una visión cristiana de lo que pasa y sucede. 

Pero lo otro, aquello que hemos citado arriba sobre un medio de comunicación, digamos propio de la Obra “Sinaí” no podía llevar otro nombre que ése. Y es que el ahora Beato Lolo quiso que los enfermos pudiesen tener una forma de estar informados que fuera más allá de la información que les pudiese llegar por los medios, digamos, ordinarios (prensa, radio, la entonces naciente televisión, etc.) 

El caso es que la especialidad propia de “Sinaí” era del todo normal que así fuera. Y esto lo decimos porque si debía dirigirse a personas enfermas, impedidas, etc. debía tener un sentido más que especial pues las mismas, se quiera o no se quiera ver así las cosas, tienen, por decirlo así, un ámbito de realidad que no es el mismo que el de la persona que no padece enfermedad alguna. 

Lo que hace Lolo con “Sinaí” (desde aquella primera Circular, la 0, salida en 1958) hasta el último número de la tal revista, que salió a la luz pública después de la llamada a la Casa del Padre de Lolo (el 3 de noviembre de 1971) no tiene, seguramente, paragón con algo que pudiera parecérsele. Y quizá pueda considerarse esto exagerado pero no lo es.

El que esto escribe ha tenido la gozosa oportunidad de haber escrito sobre esta revista, “Sinaí”, en las páginas internáuticas de la Fundación Lolo. Y después de haberlo hecho durante algunos meses y haber podido leer el contenido de sus números, podemos decir que aquellos enfermos que tuvieron entre sus manos aquellas páginas destinadas especialmente a ellos tuvieron que gozar más que mucho con el verbo de su Director, que no era otro que Lolo. Y es en aquellas páginas pueden encontrarse artículos de todo tipo relacionados con la más rabiosa actualidad tratados siempre desde el punto de vista propio de quien padece una enfermedad. Editoriales brillantes, acercamientos a la vida de la Iglesia, de la Ciencia, del mundo en suma… 

La Obra de Lolo, tanto la que consiste en la oración por los medios de comunicación católicos como la propia revista del mismo nombre, “Sinaí”, fueron y son un auténtico regalo de Dios al mundo y una gracia que supo aceptar aquel que, estando ya algunos años enfermo, no quiso dejar pasar la oportunidad de que muchas personas tuvieran conciencia de lo que eso suponía y de que otras tantas pudiesen aliviar en mucho su propio ser con aquello que podían llevarse a los ojos y al corazón. 

Sinaí”: una Obra del Cielo puesta en manos de un santo. ¿Cómo iba a salir mal?

 

Eleuterio Fernández Guzmán



martes, 10 de diciembre de 2024

Lolo y su reconocimiento en vida


 

Quien se acerca a las palabras que Lolo dejó escritas, tanto en sus libros como en los cientos de artículos que publicó en la prensa de su tiempo, es posible y seguro que no verá en las mismas ningún tipo de alago hacia sí mismo. Y con esto queremos decir que quien no conozca nada más que lo que escribió no sepa que, en vida, nuestro amigo tuvo un reconocimiento muy amplio y que era muy tenido en cuenta por aquellos que, al fin y al cabo, otorgan premios y distinciones.

Es cierto que Lolo, según dicen aquellos que le conocieron, no buscaba tales cosas sino que dedicaba su vida a llevar a cabo aquello que era su vocación. Sin embargo, sí hubo quien se dio cuenta de que, en el fondo, aquel sufriente ser humano merecía que se le reconociera lo que estaba haciendo.

En realidad, desde que publicó su primer libro de título “El sillón de ruedas” allá por el año 1961, lo bien cierto es que todo el que se llevaba a sus ojos y al corazón lo que el de Lolo inspiraba se daba cuenta de que allí, por decirlo así, había madera y que algo tan especial como lo que se estaba leyendo debía ser reconocido. Y así fue.

A partir de entonces, como decimos, los premios y distinciones que ahora ponemos (gracias a la Fundación Beato Lolo debemos reconocer y decir) son ejemplo de cómo era considerado en su tiempo quien, entonces, era conocido como Manuel Lozano Garrido sin lo que, con el pasar de los años, vendría con su inscripción en libro de los santos con el título de Beato:


1962: Ganador de los JUEGOS FLORALES de Cazorla (Jaén)

1963: Ganador del premio FEIJOÓ de la asociación Española para El “Progreso de las Ciencias”

1964 y 1968: Becas de Literatura de la Fundación JUAN MARCH

1967: Seleccionado para el premio NADAL (Libro; “Las Estrellas se ven de noche”)

1967: Finalista del premio GABRIEL MIRÓ (Cuento; “Las Hormigas”)

1967: Ganador del premio Ciudad de Villajoyosa (Cuento; “La Trampa”)

1968: Accésit Monte Carmelo (Libro; “Reportaje sobre las cumbres)

1969: Premio Literario Olivo de Oro (Poetas de Jaén)

1969: Premio Ciudad de Salamanca (Cuento seleccionado; “La Medalla”)

1969: Tercer premio Ateneo de Valladolid (Libro; “El Árbol Desnudo”)

1969: Nombramiento Hijo Predilecto de Linares (su ciudad natal)

1970: Asignación de “su nombre a una calle de Linares
1970: Nombrado 
Consejero de Honor en el “Instituto de Estudios Jienenses”

1970: Premio de Literatura Ciudad de Quesada (Jaén)

1971: Primer premio “BRAVO” Nacional de Periodismo (Conferencia Episcopal)

Podemos ver que apenas hay un año desde que empezó a reconocérsele lo que suponía la letra de Lolo que no tuviera un premio y, entonces, un reconocimiento. Y, es más, tuvo el honor de ser el primer premio “BRAVO” relacionado con el periodismo que otorgaba, y otorga hoy día, la Conferencia Episcopal Española.

En fin, no podemos negar que a Lolo se le tuvo muy en cuenta por parte de aquellas personas que eso debían hacer. Y, lo que es mejor aún… se le tuvo en cuenta, y se le tiene, por aquellos que, de una manera o de otra y en un tiempo o en otro, hemos descubierto que hay quien es capaz de ir mucho más allá de sus propias circunstancias: exactamente hasta el mismo Cielo.


Eleuterio Fernández Guzmán





domingo, 8 de diciembre de 2024

Lolo, periodista


 

Es verdad eso que se dice acerca de que la vida da muchas vueltas y nunca sabemos cómo va a acabar la cosa. Y eso pasa con Manuel Lozano Garrido, a la sazón Beato Lolo. A él la vida también le dio una sorpresa. 

El caso es que Lolo iba para maestro. Es decir, su vocación inicial era serlo y estuvo a punto de cumplir con la misma. Sin embargo, como bien sabemos, la enfermedad lo llevó por otros derroteros que, en cierta manera, también acabaron siendo los de un maestro… del periodismo.

Podemos imaginar al Beato de Linares (Jaén, España) dándole vueltas, como se suele decir, a la cabeza, para ver qué iba a ser de su vida en cuanto se dio cuenta y supo (allá por los primeros años de la década de los 40 del siglo pasado) que su querer ser maestro de escuela no iba a ser posible. Sin embargo, eso no iba a impedir que siguiera otro camino, el que fuera.

Como es de creer, Lolo estaba más que interesado por todo lo que pasaba en el mundo, en el cercano (en su pueblo, en su Provincia y su Nación española) y también en el que estaba más lejos, allende de las fronteras de su patria. Y eso lo llevó por un camino que fue, para él y para sus amigos, más que provechoso: le aprovechó a él mismo como desarrollo personal e intelectual y nos aprovechó a los que le conocemos al leer aquello que salió de su corazón y que, bien él mismo hasta que no pudo hacerlo, bien quien le echara una mano (su hermana Lucy o quien hiciera de “amanuense” en cada momento pues es seguro que fueron algunas personas conocidas los que eso hicieron por él) dio a la luz pública poco a poco, como dándose cuenta de que sí, que estaba más que capacitado para ser periodista o, lo que es lo mismo, para ser una persona que escribiera periódicamente de temas diversos, de los temas más diversos pues en eso Lolo es ejemplo de hasta dónde puede llegar a quien todo le interesa. 

Pues bien, ya tenemos a Lolo sabiendo, por su propia práctica, a qué se va a dedicar o, a lo mejor, se va a dedicar a lo que, poco a poco, va haciendo con su escritura.

Podemos decir que sí, que Lolo es un periodista de tomo y lomo. Es decir, publicó muchos cientos de artículos en la prensa de la época. Pero es que, además, fue el Director de “Sinaí”, una revista que era, por decirlo así, el órgano de comunicación de su Obra llamada, eso, “Sinaí” que consistía en que comunidades religiosas oraban por medios de comunicación católicos que ejercían de católicos sin poder olvidar que hoy mismo, en pleno siglo XXI, se sigue haciendo lo mismo en el mismo sentido. Y así, desde 1958 hasta 1971 decenas de números (dobles casi todos porque abarcaban 2 meses del año) llevaron a los enfermos y a quienes no lo eran, multitud de noticias, artículos, novedades científicas o técnicas, vida de la Iglesia, etc. y colaboraron no sólo a la necesaria información de una parte de la población a la que, a lo mejor, no llegaba todo eso sino que difundió una labor espiritual de rango muy alto en beneficio de todos aquellos que dedicaban su vida (y dedican) a hacer una información llevada por el ser espiritual cristiano y, dentro del mismo, el católico. 

Lolo periodista, sí. Aquel hombre que supo sobrellevar más que bien sus dolencias físicas fue capaz de dar al mundo de entonces, y al de ahora pues los textos están vivos y más que vivos, toda una serie de textos de la más diversa índole. Y es que Lolo estaba interesado, sencilla y llanamente, por todo lo que llegaba a su corazón. Y sobre eso bien podemos decir que no hubo tema que se le resistiera y todo lo que trataba lo hacía desde el corazón y con espíritu limpio y claro como corresponde a quien tiene bien aprendido que Dios lo mira desde el Cielo y no va a defraudar a un tal Padre. 

Lolo periodista, sí; periodista de raíz y desde el tronco de la Cruz bien clavado en su máquina de escribir, como quiso que se hiciera la primera vez que se pudo celebrar la Santa Misa en su habitación con el debido permiso. Y es que anhelaba que Cristo, su hermano y, en cuanto Dios, su Creador, pudiese sentirse reflejado, en lo referido a su pensamiento, ser y estar, en aquello que iba a quedar escrito en unas páginas que pasaban del blanco inmaculado a dejarse acariciar por el verbo inspirado de Lolo, periodista, sí, como Dios manda.


Eleuterio Fernádez Guzmán

  

viernes, 6 de diciembre de 2024

Amigos de Lolo


 

De vez en cuando conviene acudir al lugar donde las definiciones son la esencia de nuestra lengua. Así, por ejemplo, si buscamos la palabra “amistad” esto es lo que se nos dice:

Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato.”

Esto no lo hacemos para parecer pedantes o algo por el estilo sino para encajar, por así decirlo, la relación que tenemos con alguien como Manuel Lozano Garrido, llamado Lolo por, precisamente, sus amigos.

Nosotros decimos, a mucha honra y mucho gozo, que somos amigos de Lolo. Por eso, además, existen los “Amigos de Lolo” que son un grupo de personas que lleva más directamente todo lo relacionado con el Beato de Linares (Jaén, España) Pero, en general, puede ser amigo de Lolo toda aquella persona que tenga a bien aplicarse a sí mismo lo que la definición de arriba indica.

Es posible que quien no conozca de nada a Manuel Lozano Garrido o lo esté descubriendo ahora mismo, leyendo esto o algo parecido otro día hace bien poco, no acabe de comprender lo que supone ser “amigo” de Lolo en el estricto sentido de la expresión y de la palabra.

Nosotros sabemos, por ejemplo, que tenemos afecto personal por aquella persona que, hace ya algunos decenios, demostró lo que es sufrir y que eso no ha de suponer impedimento alguno para poder llevar a cabo una gran labor humana y, sobre todo, espiritual. Y, en tal sentido, nosotros sentimos un gran afecto personal, porque es propio y de cada uno de nosotros, por aquel que fue testigo (luego también mártir) de Dios en el mundo y nos hace comprender que es alcanzable lo que, en principio, no lo es.

Pero es que, además, aquí se trata de que, de parte de Lolo, la amistad que tiene con cada uno de aquellos que le conocieron y de los que le conocemos ahora, es verdaderamente pura. Y eso quiere decir que no está contaminada por nada del mundo ni por las asechanzas del Maligno de tal forma que haga impura una amistad o por nada que pueda destruir la misma.

Sin embargo, eso no es todo. Y no lo es porque no hay nada de “interés” mundano en la amistad que Lolo nos brinda a quien quiera ofrecerle la suya, si es posible, en el mismo sentido.

Sobre esto, hilando algo más fino, podemos decir que Lolo estaba desinteresado por todo aquello que supusiese ir contra su fe católica y contra todo aquello que pudiese romper con el trato de amigo que, en vida, dio a todo aquel que se le acercaba y que ahora mismo también sabe dar a quien lo mira, sí, desde la distancia si hablamos de su existencia en el mundo pero desde tan cerca si tenemos en cuenta lo que dijo y quedó reflejado en sus escritos.

Alguien podría decir que esto es más que suficiente y que ya nos vale con eso. Sin embargo, la generosidad de Lolo, el poder ser amigos suyos y lo que eso supone, es mucho más.

Esto lo decimos porque es lógico que cuando una persona no conoce a otra pueda llegar a mantener cierta distancia. Sin embargo, eso no pasa con Lolo pues una vez conocido, sabido quién fue y cómo fue y, en fin, todo su devenir, nace la verdadera amistad que, en efecto, se fortalece con el trato. Y eso es fácilmente comprobable por cualquiera que conozca a Manuel Lozano Garrido, lo tenga como ejemplo de vida y se “empape”, por así decirlo, de todas sus prácticas de vida y espirituales.

En realidad, que Lolo, como periodista que fue, dejó escrito esto y mucho más y que a través de eso podemos comprender muy bien cómo puede ser nuestra amistad con él pero, sobre todo, la suya para con nosotros, es una verdad tan grande como la catedral que ustedes quieran poner como ejemplo. Pero amistad, lo que se dice amistad, la nuestra con Lolo, amigo desde siempre y, sobre todo, hasta siempre, siempre, siempre, como diría Santa Teresa de Jesús con relación a lo que dura la vida eterna.

¿Se imaginan una vida así, la eterna, pudiendo conversar con Lolo y siendo sus amigos, ya, para siempre?


Eleuterio Fernández Guzmán